Delicias

Historias de Terror

El Último Recreo

En el colegio San Ignacio, existía una leyenda sobre el «columpio fantasma» del patio trasero:

– Siempre se mecía solo al caer la tarde.
– Los pájaros evitaban posarse en él.
– Los jóvenes decían que a veces se veían huellas de pies pequeños debajo, como si alguien invisible estuviera impulsándose.

La maestra Martínez prohibió acercarse. Pero un día, el nuevo, Diego, desafió la regla.

«¡Es solo un columpio viejo!», dijo mientras se subía.

Al principio, nada ocurrió. Hasta que alguien comenzó a empujarlo desde atrás, cada vez más fuerte, aunque no había nadie.

Sus amigos vieron cómo Diego palidecía:

—¿Quién… quién está empujando? —balbuceó con voz quebrada.

Entonces, el columpio se detuvo en seco.

Al día siguiente, encontraron a Diego sentado en el mismo columpio, balanceándose suavemente, con los ojos vidriosos y los zapatos llenos de tierra húmeda… como si hubiera estado cavando.

En su mochila había un cuaderno con una sola frase escrita cien veces:

«Él quería jugar con alguien más»

Ahora, cuando el viento mueve el columpio al atardecer, los jóvenes corren adentro.

Porque a veces, entre los chirridos de las cadenas oxidadas, se escucha una risa ahogada… y el sonido de pies pequeños corriendo hacia el patio de juegos.

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